El epílogo: un pequeño recuento

Japón, China, Vietnam, Camboya, Laos, Tailandia, India y Nepal. Esos son los 8 países que recorrimos a lo largo de 10 meses de travesía. Un lapso en el que dormimos en 93 camas diferentes, visitamos 83 ciudades y poblados, nos trasladamos 76 mil 512 kilómetros (más la incalculable cifra de lo recorrido en cada sitio visitado), tomamos 15 mil 579 fotos y acumulamos una infinidad de anécdotas que, con suerte, se irán colando a la frescura de nuestra memoria de vez en vez.

Como sea, en estos últimos días hemos tratado de recordar los momentos que se nos han quedado más grabados. Aquí, un pequeño recuento…

Momentos estresantes:

Cuando casi perdemos el tren en Kioto para ir al aeropuerto de Osaka. ¿La razón? Olvidamos entregar las llaves del departamento en el que nos quedamos y nos dimos cuenta en la esquina de la estación, así que uno de nosotros (@monmargo) tuvo que ir y volver corriendo. Y luego, correr hasta desfallecer, con las maletas a cuestas, para llegar a la plataforma, donde el tren aún estaba estacionado.

Cuando unos días después del terremoto y del tsunami, volvió a temblar y se sintió en Kioto. Aunque no fue un movimiento fuerte, de algún modo se apelmazó con el hecho de manejar la preocupación de familiares y amigos, que nos pedían salir a la de ya de Japón.

El trayecto en un tren chino en el que nos tocó ir en las literas de hasta arriba. Más de 16 horas en un espacio francamente reducido.

El día en el que no revisamos la hora de salida de un tren en China y nos quedamos con la idea de que era a las 6, cuando en realidad era a las 4. Algo de lo que nos dimos cuenta por pura casualidad, ¡media hora antes de que se nos fuera!. Corrimos para hacer el check out del hotel, gritamos para tomar un taxi (que voló), sufrimos para entrar a la estación porque el de adelante de nosotros en la fila no encontraba sus boletos, porque luego no podíamos pasar las maletas por la banda de rayos X (la tenían parada con los bultos de otro señor), aventamos a cuanta persona estaba parada en el camino hacia la puerta de embarque… Todo para descubrir que cada uno de esos que habíamos esquivado eran pasajeros del mismo tren que debíamos tomar: aún no empezaba el abordaje.

La noche en la que salimos de Calcuta, cuando el tráfico desquiciado (previo al Durga Puja) ocasionó que ningún taxi quisiera llevarnos a la estación de tren, tuviéramos que subirnos al metro con todo y maletas a la hora más que pico, empujar, ser regañados, empujar y sentir que no llegábamos. Peor aún: que en una de esas tendríamos que quedarnos una noche más en Calcuta (aquí la razón para @monmargo: El efecto Calcuta).

@monmargo a cargo del mapa.

Momentos de éxtasis:

Los recorridos en bicicleta en el circuito de Angkor.

Dar con un plato capaz de hacerte querer comerlo un día sí y otro también. O con un restaurante que generara el mismo efecto. Aunque en sí, fueron 10 meses de éxtasis gastronómico.

El día que el Monte Fuji nos dejó verlo sin nubes de por medio.

El primer tazón de noodles humeantes que comimos en Japón, que además nos fiaron por no traer yenes.

La mañana en la que visitamos el Hogar para elefantes en Tailandia.

Caminar la Muralla china.

El trayecto en balsa de remos, rodeados de montañas boscosas, rumbo a la Perfume Pagoda, cerca de Hanoi, en Vietnam.

El día que volamos nuestro papalote de calamar (alias Don Julio) en la playa de Hoi An.

La vista de los Himalaya desde Sarangkot, cerca de Pokhara.

El minitrekking por la selva boscosa camboyana en Kampot y aquel en Cat Ba Island, en Vietnam.

La tarde que pasamos acostados en unas hamacas en la isla de Don Det, en Laos.

Todo Luang Prabang, en Laos. Desde el asombroso paisaje para llegar, sus templos, sus shakes de coco, recorrerlo en bicicleta, platicar con los monjes budistas, madrugar parapara presenciar el Morning Alm…

Los encuentros y momentos compartidos con los locales en cada uno de los países. Sus sonrisas, sus gestos de amabilidad y generosidad, su espontaneidad, su disposición a compartir de corazón con unos auténticos extraños.

Los recorridos en tren y autobús para transportarnos en un mismo lugar o de una ciudad a otra.

Cambiar de país.

Momentos de shock:

Ver cómo un motociclista perdió el control de su moto en una carretera camboyana, se salió del camino, cayó en una zanja, rodó y… pudo levantarse sin rasguño. La falta de titubeo de un par de locales para detenerse cuando les gritamos que alguien necesitaba ayuda.

Observar cómo un pie se desprendió de su pierna mientras ardía en los leños de una pira crematoria, a orillas del Ganges, en Varanasi, India. Cómo una familia entera se peleaba a gritos mientras el cuerpo de su muertito reposaba también a orillas del río, esperando turno para ser cremado.

Encontrarnos con una pequeña procesión funeraria en Pokhara, Nepal, que bajaba del cerro cargando a su muertito sentado sobre una silla, semienvuelto en una sábana, cada quien con un leño para alimentar la que sería la pira crematoria.

La gente cagando por las mañanas con el trasero al aire sobre las coladeras, o donde se pudiera, en Calcuta y luego en Gaya, camino a Bodhgaya, en India.

El peor baño público: en China, en la zona de los tulous.

La mejor palabra: Sabadee! (el hola y adiós de Laos, que en Tailandia es muy similar, aunque se le agrega una palabra dependiendo del género de quien saluda).

Mejor platillo (según @totalmentepelos): el padmed mammuang, de Chiang Mai, en Tailandia. @monmargo simplemente no puede decidirse por uno.

El mejor hotel en cuestión valor-precio: en Hoi An, Vietnam. Hasta balcón teníamos.

Los mejores mercados: el dominical de Chiang Mai, en Tailandia y el mercado nocturno de Luang Prabang, en Laos.

El trayecto más infame: aquel en el que tragamos toneladas de polvo rumbo a Hampi, en India.

Lo mejor: descubrir que ninguno de los países que visitamos es solo lo que pintan las noticias, la televisión, los documentales o los libros de fotografía. Cada uno es mucho, mucho más.

Acerca de asiadonde

Un él y una ella que decidieron dejarlo todo (excepto a su contraparte) para dar un paseo por algunos países de Asia.
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3 Respuestas a El epílogo: un pequeño recuento

  1. mariloops dijo:

    ¡Que recuento tan chidis! y cuanta experiencia para la vida. :)

  2. Gamboa dijo:

    Sí, ¡qué buen recuento! ¿Para cuándo la sesión de fotos?

  3. Ale, la lucha dijo:

    Que delicia fue acompañarlos a través del blog… gracias!

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